El grande no paga, pero es el pequeño el que se arruina. La crisis golpea a las mayores empresas con directos a la mandíbula de las pequeñas compañías y autónomos que para ellas trabajan. Es el efecto más perverso de una recesión que ha convertido la morosidad y una Ley Concursal pensada para tiempos de bonanza en catalizadores de la avalancha de quiebras que se inició en 2008. Porque desde que la economía empezó a resquebrajarse en Mallorca, las familias y las empresas de menos de dos millones de facturación concentran el 84% de las declaraciones de quiebra, según el Instituto Nacional de Estadística.
diariodemallorca.es 28 de Noviembre de 2010

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