El edificio central de la patronal CEOE está situado en el cruce de las calles de Diego de León y de Príncipe de Vergara, en el madrileñísimo barrio de Salamanca. Es un edificio enorme, que procede del patrimonio del Ministerio de Trabajo que, a su vez, heredó las infraestructuras del sindicato vertical franquista. Con Gerardo Díaz Ferrán de presidente el inmueble ha sufrido una profunda modernización, incluida la reforma de los auditorios de la planta baja que ha dado lugar a una moderna sala que lleva el nombre de José María Cuevas. Recuerdo permanente de los empresarios al que fuera su presidente desde 1984 a 2007, y que falleció en 2008.
Sin embargo, a pesar de la ambiciosa reforma de la sede de la patronal, nadie ha reparado en un hecho curioso. El edificio no tiene ningún detalle exterior que señale y muestre al ciudadano que pasa por ahí que es la sede de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), con 33 años de historia y protagonista, junto a los dos grandes sindicatos, de múltiples reformas sociales y económicas. Algunos pueden pensar que la ausencia de distintivos en el exterior del edificio de la patronal se debe a motivos de seguridad. Sin embargo, como decía hace poco un empresario catalán, en los últimos tiempos los miembros de la CEOE se han acostumbrado a tener, cuando menos, una furgoneta de la policía en la acera, coincidiendo con las reuniones de la junta directiva. Es la consecuencia en la seguridad ciudadana de los problemas de las empresas de su presidente. Precisamente, mañana, día de las elecciones en la Confederación, hará un año que, con la crisis de Air Comet, comenzó la caída del imperio turístico de Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual.
La austeridad exterior del edificio es tal vez un símbolo de la propia timidez de los empresarios por señalar que ellos son parte fundamental de la sociedad y del oscurantismo que, con excepciones, ha presidido su política de comunicación durante sus 33 años de historia. Incluso, es una demostración de que, durante mucho tiempo, y tanto con José María Cuevas, como con Gerardo Díaz Ferrán, los socios de la patronal han aceptado lo que dijera la dirección sin rechistar. Sólo lo han hecho cuando ya fue insoportable la crisis de las empresas de Díaz Ferrán y su repercusión en la imagen y el prestigio de la confederación empresarial.
Es hasta cierto punto lógico teniendo en cuenta que obedecer a la cúpula de la patronal es defender puestos de trabajo, subvenciones, parcelas de poder, influencias y hasta el propio negocio. Al fin y al cabo todo empieza mal en un grupo social cuando sus dirigentes son elegidos por el dedo y no por las urnas. Todo el mundo obedece a la dirección, ya sea territorial o sectorial; lo tiene todo resuelto, percibe un trocito de la tarta del dinero, y no hace falta perder un minuto más en ello, como ocurre en la mayoría de los casos con el convenio de empresa respecto al del sector.
Ésta es la razón fundamental de que, durante la campaña electoral, se haya calentado el debate sobre las organizaciones y vocales que apoyaban a cada una de las candidaturas. La del presidente de Fomento del Trabajo, Juan Rosell, y la que forman Santiago Herrero y Juan Banegas. Como también es la razón fundamental del papelón que han hecho algunos dirigentes y sus equipos. Por ejemplo, Carlos Pérez de Bricio, al frente de Confemetal, que ha pasado de proponer un empresario independiente, y que no haya estado en la dirección de CEOE, a proponer a Rosell. O el presidente de la patronal de Madrid, Arturo Fernández, que primero apoyó al exdiputado del PP, Manuel Pizarro, a pesar de que este no quería. Después, y una vez que fracasó esta opción, apoyada por Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, Fernández optó por dejarse querer para presentarse el mismo a las elecciones, pero no obtuvo muchos apoyos, y al final decidió respaldar a Rosell, a cambio de más poder dentro de CEOE.
Si los empresarios quieren que las cosas empiecen a cambiar, lo primero que tienen que hacer mañana es votar con libertad. Sin consignas, dedazos y paternalismos. Y si no lo hacen así, que después no se quejen de lo que les ocurre en CEOE cuando se ven en los cenáculos madrileños.
EXPANSION.com 20 de Diciembre de 2010
Sin embargo, a pesar de la ambiciosa reforma de la sede de la patronal, nadie ha reparado en un hecho curioso. El edificio no tiene ningún detalle exterior que señale y muestre al ciudadano que pasa por ahí que es la sede de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), con 33 años de historia y protagonista, junto a los dos grandes sindicatos, de múltiples reformas sociales y económicas. Algunos pueden pensar que la ausencia de distintivos en el exterior del edificio de la patronal se debe a motivos de seguridad. Sin embargo, como decía hace poco un empresario catalán, en los últimos tiempos los miembros de la CEOE se han acostumbrado a tener, cuando menos, una furgoneta de la policía en la acera, coincidiendo con las reuniones de la junta directiva. Es la consecuencia en la seguridad ciudadana de los problemas de las empresas de su presidente. Precisamente, mañana, día de las elecciones en la Confederación, hará un año que, con la crisis de Air Comet, comenzó la caída del imperio turístico de Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual.
La austeridad exterior del edificio es tal vez un símbolo de la propia timidez de los empresarios por señalar que ellos son parte fundamental de la sociedad y del oscurantismo que, con excepciones, ha presidido su política de comunicación durante sus 33 años de historia. Incluso, es una demostración de que, durante mucho tiempo, y tanto con José María Cuevas, como con Gerardo Díaz Ferrán, los socios de la patronal han aceptado lo que dijera la dirección sin rechistar. Sólo lo han hecho cuando ya fue insoportable la crisis de las empresas de Díaz Ferrán y su repercusión en la imagen y el prestigio de la confederación empresarial.
Es hasta cierto punto lógico teniendo en cuenta que obedecer a la cúpula de la patronal es defender puestos de trabajo, subvenciones, parcelas de poder, influencias y hasta el propio negocio. Al fin y al cabo todo empieza mal en un grupo social cuando sus dirigentes son elegidos por el dedo y no por las urnas. Todo el mundo obedece a la dirección, ya sea territorial o sectorial; lo tiene todo resuelto, percibe un trocito de la tarta del dinero, y no hace falta perder un minuto más en ello, como ocurre en la mayoría de los casos con el convenio de empresa respecto al del sector.
Ésta es la razón fundamental de que, durante la campaña electoral, se haya calentado el debate sobre las organizaciones y vocales que apoyaban a cada una de las candidaturas. La del presidente de Fomento del Trabajo, Juan Rosell, y la que forman Santiago Herrero y Juan Banegas. Como también es la razón fundamental del papelón que han hecho algunos dirigentes y sus equipos. Por ejemplo, Carlos Pérez de Bricio, al frente de Confemetal, que ha pasado de proponer un empresario independiente, y que no haya estado en la dirección de CEOE, a proponer a Rosell. O el presidente de la patronal de Madrid, Arturo Fernández, que primero apoyó al exdiputado del PP, Manuel Pizarro, a pesar de que este no quería. Después, y una vez que fracasó esta opción, apoyada por Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, Fernández optó por dejarse querer para presentarse el mismo a las elecciones, pero no obtuvo muchos apoyos, y al final decidió respaldar a Rosell, a cambio de más poder dentro de CEOE.
Si los empresarios quieren que las cosas empiecen a cambiar, lo primero que tienen que hacer mañana es votar con libertad. Sin consignas, dedazos y paternalismos. Y si no lo hacen así, que después no se quejen de lo que les ocurre en CEOE cuando se ven en los cenáculos madrileños.
EXPANSION.com 20 de Diciembre de 2010
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