La mayoría de los locales entre Juan XXIII y la Oficina de Empleo ha echado la persiana, se ha reubicado o piensa hacerlo
El comercio de la capital no vive precisamente sus mejores momentos. Pero hay algunas zonas, eminentemente comerciales, sobre las que acechan factores distintos de la crisis económica. Es el caso del tramo de la calle Calvo Sotelo comprendido entre Juan XXIII y Avenida de Colón. Y, más concretamente, su vertiente norte. Allí, las persianas permanecen cerradas en una antigua ferretería, un local de venta de colchones y artículos para el descanso, una tienda de muñecas antiguas y otro local comercial que ni siquiera exhibe signos que recuerden su antigua actividad.
Y la 'desertización' no ha terminado. Una zapatería anuncia su próximo traslado, los responsables de un establecimiento dedicado a ropa para jóvenes, recientemente implantada en Calvo Sotelo, también buscan un nuevo emplazamiento, y en el traslado también han pensado en una mediana superficie de 500 metros cuadrados que oferta muebles, productos de decoración y menaje para el hogar.
Casualidad o no, todos estos locales flanquean las oficinas del Servicio Riojano de Empleo, a las que cada día acuden centenares de personas a tramitar sus subsidios de desempleo, solicitar ayudas o buscar una nueva ocupación.
« Puede ser violento gastar»
Merche Rubio, presidenta de la asociación comercial Paseo de las Cien Tiendas, reconoce que el asunto «ya se ha hablado» dentro del colectivo. En este tramo, añade, «se han juntado una serie de factores, como el cierre del colegio San José (Maristas) y el incremento de parados en la calle, que no es que resulten desagradables, sino que no es el público que pretendíamos para la zona». Los clientes que se acercan hasta Calvo Sotelo «pueden considerar violento gastar dinero si por el escaparate están viendo a tanta gente en dificultades».
No obstante, Rubio precisa que también esta zona peatonal está registrando aperturas recientes de cafeterías, inmobiliarias y otras actividades. «Pero reconozco que el entorno de la oficina de empleo y del antiguo colegio de Maristas está siendo especialmente afectada».
El encargado de una tienda de ropa para jóvenes insiste en que «no hay ambiente de compras, por eso nosotros hemos decidido trasladarnos, el ambiente es negativo». Por su parte, la responsable de otro establecimiento dedicado a muebles y menaje recalca que «la calle se está quedando mal». A su juicio, «todo influye, la crisis, la instalación de los lectores de matrículas, la oficina del paro. La calle no está animada y puedo contar el caso de una cliente que decidió no gastar nada porque le entró una depresión al ver la fila del paro».
En una zapatería contigua a las oficinas del Servicio Riojano de Empleo, sus dependientas insisten en que lo que «más daño» hizo al comercio de la calle fue el cierre del colegio de Maristas. «Mil familias menos que cada día pasan por aquí desde que se fueron los curas y luego hay otras cosas, como los indigentes que duermen en los portales o los alquileres tan altos que cobran por los locales de esta zona». En el comercio de al lado, todavía quedan muestras de que estuvo dedicado a complementos y diseño y que tuvo que cesar en su actividad.
Vuelta a la Gran Vía
En medio de hilera de locales que consecutivamente han clausurado su actividad o ya anuncian su reubicación se sitúa un establecimiento destinado al a venta de sillas, mesas y complementos textiles para el hogar. Su responsable afirma con rotundidad que en ningún momento ha pensado en trasladarse, pero también reconoce que la calle «se está muriendo a pasos agigantados».
En su particular análisis de la situación, aclara que «se está produciendo una vuelta de los comerciantes a la Gran Vía y calles aledañas, supuestamente porque allí los alquileres han bajado».
No obstante, considera «fuera de lugar y absurdo que se eche la culpa a la fila del paro». A su juicio, «la calle ha perdido muchísimo, la desaparición del colegio ha influido mucho y la gente que antes paseaba por aquí para traer o recoger a su hijos ha perdido el hábito de volver, ahora que el centro ha cerrado». Además, estima, «tampoco ha abierto en la calle ninguna firma comercial que haya hecho de 'tirón' para el resto de establecimientos» que permanecen en ella.

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