lunes, 15 de octubre de 2012


Ventana abierta a una nueva vida

El proyecto del Gobierno de La Rioja reúne a 19 empresas que, desde el 2011, han facilitado ya el contrato de 15 personas
La inserción laboral facilita la independencia de las víctimas de violencia intrafamiliar

Después de diez años sufriendo maltrato psicológico, mental y sexual, un día se marchó de su casa con sus dos hijas después de recibir una seria amenaza de su marido. Lo que vino después fue el vacío. Sin medios ni trabajo ni dinero, tuvo que refugiarse en casa de sus padres mientras su expareja la acosaba. Logró una orden de alejamiento, se vio envuelta en un largo proceso judicial que ha finalizado recientemente y necesitó ayuda psicológica, pero, al final, ha conseguido sobreponerse y emprender una nueva vida. Esta es la historia de María, una víctima de violencia intrafamiliar que ya tiene un nuevo empleo y, con él, una oportunidad de rehacer su vida gracias al programa de fomento del acceso al mercado laboral de las personas que pasan por la Oficina de Atención a la Víctima del Delito.
El programa lo promueve el Gobierno de La Rioja desde el 2011 y en él participan 19 empresas, más otras 16 colaboradoras sin convenio, aunque se ha contactado con 138 en total, ofertándoles 209 perfiles profesionales. Hasta la fecha, 15 son las personas contratadas por medio de este proyecto de inserción laboral. El perfil medio es el de una mujer española de entre 25 y 39 años, con estudios primarios. «Un día me fui de mi casa sin avisar, y, al enterarse mi ex dónde vivía, comenzó a acosarme día y noche», relata María. «Yo tenía miedo de salir a la calle por si me estaba esperando», recuerda. Tras la separación, su exmarido no le pasaba el dinero para la manutención de sus hijas y seguía amenazándola. Ahora, él está en prisión.
«Al principio quería hacerme la dura, pero al final decidí acudir a los psicólogos. En la Oficina de Atención a la Víctima me han ayudado mucho, me han facilitado muchos trámites y a la hora de preparar juicios y presentar denuncias», reconoce. Allí mismo le hicieron un currículum que nunca antes había necesitado, porque había trabajado muchos años en la empresa familiar, una tienda. Después, solo una ayuda de 426 euros y el apoyo de su familia. Y muchos apuros. Hasta que llegó este programa. Y una entrevista de trabajo.
«Comencé trabajando solo dos horas diarias, pero estaba muy contenta porque, poco a poco, fui aumentando las horas: tres, cuatro, cinco cada día... Y desde el año pasado llevo cubriendo vacaciones, haciendo sustituciones, fines de semana... y estoy cotizando. Para mí es una maravilla», declara María. A ella, este empleo le ha cambiado por completo, le ha dado estabilidad y una nueva oportunidad de reconducir su situación. «Ahora cambia todo, sales, conoces gente, te abres... porque yo ya no me fío mucho de la gente», afirma.
50 euros, un mundo
En su trabajo apenas saben de su historia. Solo su jefe es consciente de que vino de parte de la Oficina de Atención a la Víctima, pero no conoce su caso concreto. Sus compañeros de trabajo, ni una cosa ni otra. «Quizá, el día de mañana, les cuente algo...», aventura. De momento, anda con pies de plomo, pero ilusionada porque su vida ha cambiado a mejor. «Cuando no trabajas estás triste, es una situación complicada porque lo que deseas es no depender de nadie. Yo he pasado meses muy malos, sin cobrar un duro, en los que 50 euros, para mí, eran un mundo», afirma María, y añade: «He estado dos años sin poder comprar los libros del colegio a mis hijas. Y eso me daba una vergüenza inmensa porque ellas decían que los tenían encargados, y no quieres que tus hijos aprendan a mentir».
Ahora, en cambio, hay luz en el horizonte y cualquier detalle es un lujo que alegra su vida: «Si entra dinero en casa, las niñas están más tranquilas y puedo darles un capricho, como ir a comernos una hamburguesa». Tan simple como eso.

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